miércoles, 26 de septiembre de 2007

La Pan-Ibérica (primera parte)


Agosto de 2007.
Los miembros de la delegación riojana despegan con la intención de recorrer una de las rutas más exigentes del panorama actual. Tienen ante sí más de 2.000 km. de asfalto capaces de acabar con la moral de cualquier débil. Cargados hasta arriba con todo el equipaje y con la esperanza de no sufrir las penurias del calor, especialmente cuando la ruta se adentre en las zonas más sureñas del trazado, arrancan el bicilíndrico de la montura perfectamente pertrechados.
El trayecto es conocido, pero no por ello deja de ser peligroso. En los primeros compases del viaje, una vez desestimada la opción autopista por las ansias de disfrutar de tramos virados desde el comienzo, aparecen los primeros peligros en forma de enlatados portugueses dispuestos a no respetar ninguna de las rayas continuas. Camiones y tráfico denso hasta Burgos.
El viaje continúa hasta Avila sin mayores contratiempos a través de la nacional I y el resto de secundarias que llevan hasta allí. Tras dejar todo el equipo en el céntrico hotel, toda la comitiva parte sin descanso a recorrer la ciudad con la intención de disfrutar de la gastronomía local, gentílmente ofrecida por los hosteleros en forma de tapa.
A la mañana siguiente, tras visitar algunos monumentos, se parte de nuevo con la intención de llegar a Extremadura lo antes posible, evitando el castigo del calor que afortunadamente no se ceba con nuestro equipo.
Carreteras despejadas, se disfruta de la conducción. El Puerto de Tornavacas, con sus sinuosas formas pone a prueba los neumáticos. La elección de gomas se demuestra acertada (de serie delante, de serie detrás).
Avanzan las horas, se aproxima la hora de comer. Viendo que ya nos se llegaba en hora al destino, se toma la acertada decisión de parar en Monesterio (Badajoz), y disfrutar de la gastronomía local, gentílmente ofrecida por los hosteleros en forma de tapa. (nos encanta)
Buenos bares (foto), buen ambiente, buena ración de jamón.

Retomamos la marcha con nuevos brios, el solomillo estaba exquisito.
Tras tomar la autovía rumbo Sevilla, el camino se hace pesado por la falta de alicientes, por lo que nos desviamos en Santa Olaya de Cala para realizar el último trayecto hasta Huelva recorriendo la sierra. Zufre, La Granada, Rio Tinto...La carretera, recién asfaltada permite disfrutar de divertidas trazadas por la seguridad que transmite el buen estado del piso. Precioso recorrido.
Dejándonos llevar, llegamos a nuestro destino en Moguer, donde nos esperaba una bonita fiesta de bienvenida en la playa.Nuestro amigo Manuel, nos deleitó ofreciéndonos una muestra de los productos de la zona. No faltó el jamón, las gambas, el queso, y toda suerte de canapés y brochetas.
Los cuerpos estaban cansados, había que reponer fuerzas.
(continuará)


Ver mapa más grande

No hay comentarios: